Similitudes
El Dao De Jing (Tao Te Ching) habla del wu wei, el no actuar, el no hacer, al que describe como la acción espontánea, como la de los niños, la del viento que sopla o del riachuelo que corre ( O. Ferrero). Sigue diciendo Ferrero que es una actividad natural como el sol que no necesita conciencia de dar la luz y el calor a la Tierra, para darla; que el cielo manda la lluvia sin tener la intención de beneficiar la tierra. Por supuesto, que no se debe perder la perspectiva que el taoísmo se desarrolló en un medio confuciano, que ponía el énfasis en un ordenamiento racional, estrictamente reglamentado y ritualista. Contra ese ordenamiento es que Lao Zi propuso el wu wei.
En el cristianismo nos es familiar la enseñanza de que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda, entre otros admirables aforismos sobre el amor al prójimo (que es el amor a Dios).
En los comentarios que Thich Nhat Hanh, monje budista vietnamita, hace al sutra del diamante que cercena la ilusión (Vajracchedika prajnaparamita sutra), dice que el verdadero practicante ayuda a todos los seres vivos de un modo natural y espontáneo. Dice que la mano derecha sabe muy bien que la mano izquierda es también la mano derecha, y que no es necesario tener la idea de ayudar, simplemente, se siente y se hace, sin mayores discriminaciones.
En la tradición sufí, Kahlil Gibrán, lo dice de una manera tan poética: dar sin conciencia de dar, como en el hondo valle da el mirto su fragancia al espacio; que todo aquél que merece recibir sus días y su noches merece todo lo demás; y que el que mereció beber del océano de la vida, merece llenar su copa en nuestro pequeño arroyo.
Y para coronar añade: mirad primero si vosotros mismos merecéis dar y ser instrumento de dación, porque a la verdad, es la vida la que da a la vida, mientras que vosotros, que os creéis dadores, no sois sino testigos.
12 de enero de 2007
11 de enero de 2007
Misticismo y sensualidad
En una noche oscura,
Con ansias, en amores inflamada,
oh, dichosa ventura,
Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada.
Cómo es de sensual la poesía de San Juan de la Cruz y cómo la negación del deseo por las cosas de este mundo, la noche oscura del sentido, contrasta con los placeres sensuales de la unión con Dios. Como si los placeres suspendidos en este mundo se trasfirieran al mundo espiritual donde se desbordarían a ciento por uno, según él mismo dice.
Entre las paradojas del Lao zi (cap. XXIX) se dice que el hombre sabio es austero, sereno, sin extravagancias. San Juan enseña a extinguir el fuego personal en este mundo para que se encienda multiplicado en el otro, en el trascendente. Lao zi sugiere conducirse en este mundo totalmente desapegado de él. San Juan quiere apagar el incendio exterior para encender el interior, el de la llama de amor viva que tiernamente hiere en el alma, el más profundo centro.
Dos espejos, dos ethos, dos pathos.
En una noche oscura,
Con ansias, en amores inflamada,
oh, dichosa ventura,
Salí sin ser notada,
Estando ya mi casa sosegada.
Cómo es de sensual la poesía de San Juan de la Cruz y cómo la negación del deseo por las cosas de este mundo, la noche oscura del sentido, contrasta con los placeres sensuales de la unión con Dios. Como si los placeres suspendidos en este mundo se trasfirieran al mundo espiritual donde se desbordarían a ciento por uno, según él mismo dice.
Entre las paradojas del Lao zi (cap. XXIX) se dice que el hombre sabio es austero, sereno, sin extravagancias. San Juan enseña a extinguir el fuego personal en este mundo para que se encienda multiplicado en el otro, en el trascendente. Lao zi sugiere conducirse en este mundo totalmente desapegado de él. San Juan quiere apagar el incendio exterior para encender el interior, el de la llama de amor viva que tiernamente hiere en el alma, el más profundo centro.
Dos espejos, dos ethos, dos pathos.
5 de enero de 2007
I
Por estos días cuando los finales de un año dan origen a los principios de otro, cumplo la redonda cantidad de sesenta años, doce por cinco. Además del misterio propio del número, veo con asombro que se cumple una vez más en mi vida, lo que alguna vez, hace muchos años, me dijo un hippie judío leyendo mi carta astral: tú eres como las hormigas que recorren su camino rodeando los obstáculos que se le presenten hasta llegar a su punto de partida.
Entré a trabajar al Ministerio de Salud el año que hubo aquel Niño impresionante: 1982. Fue en la posta de Punta Negra. Luego fui nombrado en el Hospital María Auxiliadora, sin embargo, casi nunca trabajé en el hospital: siempre estuve designado, encargado de funciones o destacado, en diferentes cargos en el Ministerio de Salud. Ahora, veinticinco años después, vuelvo al María Auxiliadora.
A lo largo de mi vida profesional y de funcionario, he desempeñado una cantidad grande de funciones, realizado trabajos y desarrollado proyectos, pero casi ninguno en relación directa con el María Auxiliadora. Ahora, hacia el término de mi carrera profesional, se abre la oportunidad de trabajar en ese hospital. Como la hormiga del astrólogo, vuelvo a mi lugar de partida.
II
Cuando cumpla sesenta y cinco años también cumpliré los quince años de aportaciones que son requisito para que la AFP en la que estoy inscrito me otorgue la pensión correspondiente. Después de las explicaciones que recientemente me han dado, veo que fue una mala elección la que hice, de pasar del sistema público al privado. Mala elección entre comillas porque aunque la pensión que recibiré puede agotarse antes que me agote yo (literalmente), tampoco me gustaría ser una carga permanente para los contribuyentes que son los que actualmente pagan las pensiones del sistema público.
Estoy pensando aprovechar la coincidencia de treinta años de servicios con los quince de aportaciones, para cerrar un capítulo de mi vida laboral como servidor público. Buscando entre libros una frase redonda que describa ese momento encuentro que Garcilazo de la Vega, el capitán no el Inca, en su égloga Salicio y Nemoroso, aquella del famoso “salid sin duelo, lágrimas, corriendo”, dedica el poema al Virrey de Nápoles, ya jubilado de las guerras imperiales, diciendo que estaba ya “de cuidados enojosos y de negocios libre”. El virrey se dedicó a la cacería. Mi caso es definitivamente plebeyo.
Me gustaría dedicarme a algo que siempre hubiese querido hacer y que por circunstancias de la vida no se pudo. Qué podrá ser eso? Aún no lo sé y parece que es un desafío mayor poder encontrarlo. Dibujaré (siempre me gustó), pintaré, escribiré, o mejor aún, contemplaré el crepúsculo de la tarde. Los limeños somos playeros. Han notado cómo nos gusta contemplar los atardeceres en los días que vamos a la playa? Además, la costa del Perú es pródiga en atardeceres y en algunas regiones, como la costa norte, es indescriptible. Les aseguro, es un espectáculo que no pienso perderme.
Por estos días cuando los finales de un año dan origen a los principios de otro, cumplo la redonda cantidad de sesenta años, doce por cinco. Además del misterio propio del número, veo con asombro que se cumple una vez más en mi vida, lo que alguna vez, hace muchos años, me dijo un hippie judío leyendo mi carta astral: tú eres como las hormigas que recorren su camino rodeando los obstáculos que se le presenten hasta llegar a su punto de partida.
Entré a trabajar al Ministerio de Salud el año que hubo aquel Niño impresionante: 1982. Fue en la posta de Punta Negra. Luego fui nombrado en el Hospital María Auxiliadora, sin embargo, casi nunca trabajé en el hospital: siempre estuve designado, encargado de funciones o destacado, en diferentes cargos en el Ministerio de Salud. Ahora, veinticinco años después, vuelvo al María Auxiliadora.
A lo largo de mi vida profesional y de funcionario, he desempeñado una cantidad grande de funciones, realizado trabajos y desarrollado proyectos, pero casi ninguno en relación directa con el María Auxiliadora. Ahora, hacia el término de mi carrera profesional, se abre la oportunidad de trabajar en ese hospital. Como la hormiga del astrólogo, vuelvo a mi lugar de partida.
II
Cuando cumpla sesenta y cinco años también cumpliré los quince años de aportaciones que son requisito para que la AFP en la que estoy inscrito me otorgue la pensión correspondiente. Después de las explicaciones que recientemente me han dado, veo que fue una mala elección la que hice, de pasar del sistema público al privado. Mala elección entre comillas porque aunque la pensión que recibiré puede agotarse antes que me agote yo (literalmente), tampoco me gustaría ser una carga permanente para los contribuyentes que son los que actualmente pagan las pensiones del sistema público.
Estoy pensando aprovechar la coincidencia de treinta años de servicios con los quince de aportaciones, para cerrar un capítulo de mi vida laboral como servidor público. Buscando entre libros una frase redonda que describa ese momento encuentro que Garcilazo de la Vega, el capitán no el Inca, en su égloga Salicio y Nemoroso, aquella del famoso “salid sin duelo, lágrimas, corriendo”, dedica el poema al Virrey de Nápoles, ya jubilado de las guerras imperiales, diciendo que estaba ya “de cuidados enojosos y de negocios libre”. El virrey se dedicó a la cacería. Mi caso es definitivamente plebeyo.
Me gustaría dedicarme a algo que siempre hubiese querido hacer y que por circunstancias de la vida no se pudo. Qué podrá ser eso? Aún no lo sé y parece que es un desafío mayor poder encontrarlo. Dibujaré (siempre me gustó), pintaré, escribiré, o mejor aún, contemplaré el crepúsculo de la tarde. Los limeños somos playeros. Han notado cómo nos gusta contemplar los atardeceres en los días que vamos a la playa? Además, la costa del Perú es pródiga en atardeceres y en algunas regiones, como la costa norte, es indescriptible. Les aseguro, es un espectáculo que no pienso perderme.
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